Hay una prueba muy simple para saber cómo va tu salud.



No es una analítica.

No es el peso.

Ni siquiera cuántos días entrenas.



Es esto:

¿Podrías apretar fuerte mi mano?



Te lo digo en serio.

Un médico experto en longevidad decía que la fuerza de agarre predice más de lo que imaginas.



Y pensé…

coño.



La mayoría está obsesionada con la báscula,

pero nadie piensa si está construyendo un cuerpo que le permita llegar a los 80…

sin depender de nadie para levantarse del váter.



Duro, pero real.



Y aquí viene lo curioso.

No habló de hacer cosas raras.

Ni de vivir comiendo semillas de chía en una cueva.



Dijo cosas bastante simples:



Comer un poco menos.

Dormir decentemente.

Entrenar fuerza.

Tener menos estrés.

Tener un motivo para levantarte.

Y hacerte chequeos.



Ya.

Nada sexy.

Nada milagroso.

Pero funciona.



Y aquí es donde me acordé de muchas mujeres que llegan a mí pensando que su problema es que “les sobran 6 kilos”.



No.

Muchas veces lo que falta es energía.

Músculo.

Rutina.

Y dejar de tratar el cuerpo como si fuese algo que arreglas en 3 semanas antes del verano.



Te digo algo que quizás escuece:

Hay mujeres de 40 envejeciendo más rápido que otras de 60.

No por genética.

Por hábitos.



Y eso es una buena noticia.

Porque los hábitos se cambian.



Y no, no hace falta querer vivir 120 años.

Con llegar a 80 pudiendo cargar tus bolsas, viajar, entrenar y sentirte bien en tu piel…

yo firmaba.



¿Con qué me quedo yo de todo esto?

Con que entrenar fuerza no es para “ponerte buena”.

Es para no hacerte pequeña antes de tiempo.



Y eso cambia mucho la película.



Si tuviera que empezar hoy por una sola cosa…

empezaría por ganar fuerza.

Sin duda.



Si esto te ha hecho pensar, respóndeme con una palabra:

FUERZA



PD: La longevidad no empieza cuando te jubilas.

Empieza con lo que haces mañana cuando suene el despertador.

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