No es el gimnasio lo que te incomoda.
Es el probador.
Es esa luz blanca que no perdona.
Es girarte de lado.
Es elegir una talla más grande y hacer como que no pasa nada.
No haces drama.
No te quejas todo el día.
Pero evitas ciertas fotos.
Evitas ciertos ángulos.
Evitas mirarte demasiado tiempo.
Y eso pesa.
No quieres un cuerpo perfecto.
Quieres dejar de esconderte un poco.
Quieres ponerte algo y no estar pensando en cómo te queda por detrás.
Quieres sentirte firme.
Fuerte.
Segura.
Y eso no se arregla odiándote.
Se arregla construyendo algo.
Poco a poco.
Con dirección.
Sin castigo.
Si este correo te ha removido un poco, respóndeme con una sola palabra:
“Probador”.
Alberto


