Vas al gym como quien va a fichar en el curro...
Cumples.
Haces lo que puedes.
Pero sin chispa.
Sin fuerza.
Sin ganas de apretar de verdad.
Y claro…
Luego te miras y piensas:
“normal que no cambie nada”
Pero es que hay algo que nadie te está diciendo.
Estás comiendo como si quisieras sobrevivir…
No como si quisieras rendir.
Te han metido en la cabeza que:
— menos comida = mejor
— menos hidratos = más definición
— más proteína = solución a todo
Y no.
Así lo único que consigues es:
Llegar cansada.
Entrenar a medio gas.
Y vivir con ansiedad por la comida.
Porque tu cuerpo no es tonto.
Si no le das energía…
Te la pide.
Y fuerte.
Por eso luego vienen los atracones.
O ese picoteo constante que te hace sentir que “no tienes control”.
Cuando en realidad…
Es pura biología.
Ahora viene lo importante.
Si quieres verte mejor…
Primero tienes que rendir mejor.
Y para eso necesitas gasolina.
Más hidratos.
Menos miedo a comer.
Y dejar de obsesionarte con la proteína como si fuera mágica.
Que sí, es importante.
Pero no es lo único.
Ni de coña.
Cuando empiezas a comer para rendir…
Pasa algo curioso:
Tienes más energía.
Entrenas mejor.
Te sientes más fuerte.
Y sin darte cuenta…
Tu cuerpo empieza a cambiar.
No porque comas menos.
Sino porque haces mejor las cosas.
Si ahora mismo sientes que estás siempre cansada,
sin fuerza y tirando de café como si fuera agua…
respóndeme con:
“necesito energía”
Y vemos cómo darle la vuelta a eso sin volverte loca.
P.D: No necesitas apretar más.
Necesitas dejar de ir con el depósito en reserva.


