El otro día me escribió una alumna y me dijo:
“Alberto, hay días que me levanto con ganas de comerme el mundo… y otros que no puedo ni conmigo misma”.
Y no, no tiene nada que ver con estar loca ni con que haya Mercurio retrógrado.
Tiene que ver con algo que muchas no sabéis:
👉 El entrenamiento no solo cambia el cuerpo.
También te cambia la cabeza.
Cuando entrenas con regularidad, no solo tonificas los brazos o aprietas el glúteo…
También le estás diciendo a tu cerebro:
“Tía, yo puedo con esto”.
Y eso... da una paz mental que no te da ni el Netflix ni los 4 donuts del viernes.
Te vuelves más estable.
Te notas menos irritable.
Te ves más guapa, con más energía… y con menos ganas de mandarlo todo a la mierda cuando algo no sale como esperas.
¿Y sabes lo mejor?
Ni siquiera necesitas estar 2 horas en el gym para notar cambios.
🧠 Mini-tip emocional:
Incluye al final de tu entreno 5 minutos de respiración lenta y estiramientos.
Parece una tontería, pero ese momento de bajada ayuda a regular el sistema nervioso y reduce la ansiedad acumulada.
No es magia.
Es ciencia. Es estrategia. Es autocuidado del bueno.
Y te lo digo yo, que trabajo con mujeres que antes estaban a punto de tirarse de los pelos cada dos días y ahora hasta su pareja me da las gracias (no es coña).
Así que si últimamente sientes que tu estado de ánimo va a saltitos…
Dale una oportunidad al gym.
Pero con cabeza. Con guía. Y sin obsesiones.
Que esto no va de sufrir, va de cuidarte.
Y si no sabes por dónde empezar, puedes escribirme.
Estaré al otro lado.
Un abrazo fuerte,
Alberto.


